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Natalia Ochoa, vecina de la ciudad y creadora de Barranca Zonda (@barrancazonda), lanzó su emprendimiento de alfajores artesanales durante la pandemia, inspirada por su esposo, fanático del dulce. “Esto salió para él”, cuenta sobre la primera receta que marcó el inicio del proyecto.
Hoy, su propuesta cuenta con ocho variedades de alfajores, cada uno con su propio licor artesanal, elaborados en familia: “Todo, hasta los licores, son artesanales”, destaca Natalia, cuyo hijo también participa en la maceración de los sabores.
De profesión peluquera y oriunda de Mendoza, Natalia encontró en la repostería un nuevo camino: “Tuve que capacitarme porque de una profesión a la otra, la harina no cabía en el medio”, recuerda entre risas. Cursos y talleres fueron claves para dar forma a un producto único, con creaciones como “la trufa”, a la que describe como “el bocado al alma, un complejo de chocolate, dulce de leche y mucho licor que te llega”.
Barranca Zonda no solo une dos provincias –Mendoza y Neuquén, raíces de su creadora–, sino que representa cómo el amor, el aprendizaje y el acompañamiento pueden transformar una idea casera en un producto de autor.












