Esta celebración conmemora su entrada triunfal en Jerusalén, un episodio relatado en los Evangelios, donde Jesús fue recibido por una multitud que lo aclamaba como el Mesías. Montado en un burro, avanzó mientras la gente extendía mantos y agitaba ramas de palma y olivo, proclamando: “Bendito el que viene en el nombre del Señor”.
 Justamente, el nombre de esta jornada proviene de ese gesto simbólico. En la antigüedad, las palmas y ramas de olivo representaban victoria, paz y esperanza, y estaban asociadas a la llegada de un rey. Por eso, su uso reflejaba el reconocimiento de Jesús como el salvador esperado por el pueblo.
 El Domingo de Ramos no solo recuerda un hecho histórico, sino que también anticipa los momentos más profundos de la fe cristiana, dando paso a celebraciones clave como el Jueves Santo, el Viernes Santo y el Domingo de Pascua.
Cada año, millones de fieles en todo el mundo participan en misas y procesiones llevando ramos bendecidos, reviviendo aquel recibimiento y renovando su fe en una de las fechas más significativas del cristianismo.