Bogotá, 29 oct (EFE).- El apoyo financiero del Fondo Monetario Internacional (FMI) a Colombia es necesario para que Bogotá supere su crisis fiscal, coinciden en señalar expertos consultados por EFE, que difieren sin embargo en las consecuencias de la ayuda y los objetivos del Gobierno para recurrir al organismo multilateral.
Representantes del nuevo Gobierno colombiano y del FMI tienen previsto volverse a reunir en los próximos días para concretar el tipo de ayuda que podría recibir el país suramericano que, según su presidente, Abelardo de la Espriella, se encuentra en su situación fiscal "más critica" por la mala gestión, el despilfarro y la corrupción de sus predecesores.
El Banco de la República (central) estimó que, sin golpe de timón, el déficit público alcanzaría este año el 7,2 % del producto interno bruto (PIB) y el 9,4 % en 2027, con los pagos de la deuda (interna y externa) limitando las inversiones y el crecimiento.
El director del Programa de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana de Cali, Jaime Rafael Ahcar, asegura a EFE que la situación de las cuentas públicas "no es desesperada o terminal, (pero) sí es critica".
A su juicio, si no se ataja el desequilibrio entre ingreso y gasto, los avances de los últimos años en los indicadores de pobreza y la tasa de empleo, la tendencia positiva se empezaría a revertir.
"Finalmente los intereses de la deuda que tocaría pagar empezarían a consumir el presupuesto para inversión y funcionamiento del Estado", explica Ahcar, quien agrega: "Tocaría recortes bruscos y la economía se frenaría".
El viceministro técnico de Hacienda con el Gobierno de Gustavo Petro (2022-2026), Leonardo Pazos, concuerda con la definición de "crisis" y agrega en una entrevista a EFE que el "desbalance es estructural" entre los ingresos y los gastos, y tendente al alza.
Argumenta que el desequilibrio se debe a la combinación de un gasto social inflexible (en pensiones y salud), distorsiones salariales en el sector público, ineficiencias en la asignación de subsidios, y el bloqueo a las reformas que planteó su Gobierno por parte del Legislativo y la Justicia.
Ahcar valora el respaldo del FMI porque considera que actuaría en dos frentes. Por un lado, mejoraría la situación financiera del país, obteniendo líneas de crédito a unas tasas por debajo de las del mercado.
Por otro, estaría el "respaldo de credibilidad" que aporta el FMI, un "escudo" que manda una "señal al mercado" de que Colombia es "un país serio, que está en un proceso de ajuste fiscal y que, por consiguiente, no es necesario prestarle a unas tasas excesivamente altas".
Estima que Bogotá podría recurrir a la llamada Línea de Precaución y Liquidez del FMI, que -por las contribuciones previas de Colombia- podría ascender hasta los 8.300 millones de dólares en un primer año, a una tasa del 3,7 %, y hasta esa misma cantidad en un segundo ejercicio, por un 4,6 % (más de dos puntos porcentuales por debajo del mercado).
Con respecto a los dos reperfilamientos de la deuda anunciados por Bogotá en octubre, Ahcar considera que estas renegociaciones de los períodos de amortización y las tasas de interés se pueden aprovechar, porque reducen "las necesidades de liquidez en el corto plazo".
Advierte, sin embargo, que "no resuelven los problemas de fondo": "Digamos que esos son pañitos de agua tibia, pero que poco a poco sirven. No hay que dejar de hacerlo".
Pazos cree que el Gobierno ha buscado desde el primer momento al FMI para poder endosarle lo "más impopular" de las reformas que pretendía desde el primer momento emprender, pues considera que el Ejecutivo busca un cambio de "enfoque" en la economía.
En su opinión, el objetivo no es tanto una reactivación de la economía y el empleo, como una reorientación hacia el extractivismo para que una minoría empresarial con socios extranjeros (estadounidenses) se lucre exportando "petróleo, carbón, minerales raros" (tierras raras).
El exviceministro teme que la ayuda del FMI venga con contrapartidas como una reducción del empleo público (sin que sea sustituido por privado), lo que podría ralentizar una economía que viene ya frenada por los elevados tipos de interés, actualmente en el 12,25 %.
Pazos no cree que el Gobierno pueda lograr su promesa de que la economía colombiana crezca al 6 %, como ha prometido, convencido de que "el compromiso de ellos es otro" porque "están haciendo un trabajo paralelo".
Juan Palop