La derechista Keiko Fujimori superó en la carrera presidencial en Perú al izquierdista Roberto Sánchez, tras el recuento del 100% de los votos, que demoró tres semanas debido a impugnaciones y denuncias de presuntas irregularidades en el proceso.
Fujimori, que postula por cuarta vez a la presidencia, obtuvo 50.135% de los votos válidos y Sánchez, 49.865%, en el conteo que terminó el lunes, según informó la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
La hija del fallecido exmandatario Alberto Fujimori ya había logrado la semana pasada una ventaja insuperable en el balotaje.
La diferencia en la segunda ronda electoral que se realizó el 7 de junio fue de 49,600 votos, en uno de los comicios más ajustados del país que vive en constante crisis. En su última postulación del 2021, Fujimori había perdido por 44,200 votos frente al expresidente izquierdista Pedro Castillo, ahora en prisión por intentar disolver el Congreso en el 2022.
Sánchez denunció la semana pasada, sin pruebas, un "fraude" electoral y dijo que no reconocerá un gobierno de Fujimori que asumirá al poder el 28 de julio para un mandato de cinco años.
El candidato de izquierda ha liderado marchas en "defensa del voto popular" en las calles de Lima y ha convocado a sus seguidores a realizar mas protestas en los próximos días, lo que podría prolongar una crisis en el país que ha tenido hasta ocho presidentes desde el 2018 por renuncias o destituciones.
El postulante dijo que presentará estos días un recurso legal para evitar la proclamación oficial del ganador de la elección presidencial, previsto para el 3 de julio por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), el máximo órgano electoral.
Fujimori, de 51 años, dijo la semana pasada que buscará en un eventual gobierno unir a Perú que ha quedado "partido en dos mitades" tras las elecciones. Para conformar su primer gabinete Fujimori dijo que hará una "convocatoria abierta" con técnicos de experiencia en busca de cumplir su promesa de reducir la criminalidad y la profunda desigualdad entre peruanos.
Keiko Fujimori representa el regreso de una dinastía que ha suscitado el "amor y el odio" entre los votantes de un país en constante crisis, y la vuelta de una de las fuerzas políticas más dominantes y polarizadoras de las últimas tres décadas.