Karla Jacinto tenía apenas 12 años cuando fue obligada a trabajar en un burdel en México. Recuerda lo indefensa que se sintió el primer día que la vendieron a “clientes” en Guadalajara.
“Lloré, grité, supliqué ayuda, y nadie me escuchó hasta que llegó un punto en el que mis emociones comenzaron a apagarse”, dijo. “Y lo único que hice en ese momento fue cerrar los ojos después de ver al primer cliente, al segundo, al tercero, hasta que se volvieron decenas”.
Tres meses antes, había sido engañada por un joven de 22 años que le prometió amor, matrimonio y una vida de cuento de hadas que nunca imaginó posible como una niña que había sufrido abusos en su familia. Días después se fue a vivir con él, sin saber que la obligaría a prostituirse durante los siguientes cuatro años.
Según sus propios cálculos, había sido violada decenas de miles de veces cuando logró escapar a los 16 años.
Hoy, Jacinto es una activista de unos treinta años que apoya a sobrevivientes de trata como ella. Comparte su historia como parte de una campaña que busca advertir sobre el temor de que la llegada del Mundial de la FIFA 2026 a México pueda aumentar los casos de trata de personas, ya que grupos criminales podrían intentar aprovechar la llegada masiva de turistas.
Estas preocupaciones han sido expresadas por organismos como UNICEF, así como por los gobiernos de Estados Unidos y México, empresas privadas y organizaciones de derechos humanos, y se reflejan en iniciativas conjuntas como “It’s a Penalty” y “Mundial sin Trata”.
Aunque es difícil medir con exactitud qué impacto tendrá el flujo de turistas en un problema ya profundamente arraigado, las sobrevivientes advierten que no debe subestimarse.
“Puedo decir por mi propia experiencia que durante el tiempo en que mi tratante me explotaba sexualmente, hubo un aumento en la demanda de prostitución (durante eventos deportivos)”, dijo Mixi Cruz, quien tenía unos 15 años cuando fue forzada a prostituirse en la Ciudad de México.
La capital mexicana es una de las tres sedes —junto con Guadalajara y Monterrey— que alberga los 13 partidos que se juegan en el país.
Aunque algunas instancias del gobierno trabajan con ONG y el sector privado para impulsar la denuncia de la trata durante el torneo, la magnitud del evento —que atraerá a millones de turistas— dificulta su control.
“La verdad es que México no está preparado actualmente para albergar un Mundial”, afirmó Cruz, quien considera que el gobierno no está haciendo lo suficiente.
Muchos activistas respaldan esta crítica y señalan que la corrupción y la impunidad han favorecido la expansión de la trata de personas, mientras que las autoridades sostienen que están actuando a través de investigaciones y campañas de concientización.
CNN solicitó entrevistas con la Secretaría de Seguridad y la Secretaría de las Mujeres, pero hasta ahora no ha recibido respuesta.
La trata de personas —especialmente con fines de explotación sexual y laboral— se está convirtiendo rápidamente en uno de los negocios criminales más lucrativos en México. Grupos del narcotráfico como el Cártel Jalisco Nueva Generación y el Cártel de Sinaloa han ampliado su presencia en este mercado, según el Índice Global de Crimen Organizado 2025.
Algunas estimaciones la colocan ya como la tercera actividad criminal más grande del país, después del narcotráfico y el tráfico de armas.
Sin embargo, las ONG que trabajan con sobrevivientes creen que el problema está enormemente subestimado.
Aunque las cifras oficiales muestran un aumento —1.154 víctimas en 2025 frente a 537 en 2017—, muchas organizaciones consideran que representan solo una fracción mínima. Se estima que apenas alrededor del 2% de los casos se denuncian.
Incluso cuando una víctima logra escapar, muchas veces tiene demasiado miedo para denunciar.
El problema se complica porque en 13 estados del país la prostitución adulta es legal y regulada, lo que, según críticos, permite que los tratantes operen a la vista en zonas de tolerancia.
CNN recorrió cuatro de estas zonas donde es conocida la presencia de prostitución junto con Indira Villegas, asesora técnica senior de la división de América Latina de The Mekong Club, una ONG con sede en Hong Kong que trabaja con empresas para combatir el trabajo forzoso y la esclavitud moderna.
Durante el recorrido, decenas de trabajadoras sexuales se encontraban a lo largo de calles muy transitadas, a la vista de todos y esperando clientes. Aunque muchas parecían ser adultas, Villegas señaló que varias le parecieron menores de edad y que podrían estar ahí contra su voluntad.
Algunas se veían visiblemente nerviosas, otras aparentaban calma mientras que los llamados “padrotes” las vigilaban de cerca, como halcones.
Es una escena tan común que los transeúntes locales apenas parecían inmutarse ante la presencia de tantos rostros jóvenes.
Villegas señaló que no todas las trabajadoras sexuales en estas zonas son víctimas de trata —una de ellas, que habló con CNN bajo condición de anonimato, dijo que estaba ahí por voluntad propia y que necesitaba el trabajo para mantener a sus hijos—, pero como señalaron Jacinto y Cruz, es difícil saber quién dice la verdad.
Tanto Jacinto como Cruz señalan que las víctimas son obligadas por sus tratantes a mentir cuando se les pregunta su edad o si están ahí por decisión propia.
“Escuchas a muchos hombres decir: ‘Una mujer en la prostitución está ahí porque quiere’”, dijo Daniela Tapia, cofundadora de Fundación Libera México, una organización contra la trata de personas.
“Pero ¿qué pasó al principio? Si regresamos 10 años atrás, ella no llegó ahí porque quisiera estar ahí”.
Jacinto cuenta que su tratante la enganchó en una estación del metro cuando ella tenía apenas 12 años. Se dejó deslumbrar por sus promesas de que tenía dinero, un auto deportivo y una casa, una vida que le dijo que también podría ser suya.
Él le dijo que también había sido abusado en su infancia, aprovechándose de sus vulnerabilidades. Con el tiempo, Jacinto reconoció que no supo identificar las señales de alerta porque nunca le habían enseñado a reconocerlas.
“El problema es que nadie me enseñó —ni en la escuela ni en mi familia— a identificar estas señales”, dijo.
Se fue a vivir con él en menos de una semana y durante los primeros tres meses de su “relación” disfrutó de los regalos y la atención que él le daba. Pero pronto él comenzó a volverse posesivo.
Jacinto descubrió la verdad sobre su trabajo cuando empezó a sospechar de algunas de las chicas que acompañaban a sus primos a su casa. Finalmente, reunió el valor para preguntarle.
Entonces él le explicó lo que ella tendría que hacer a partir de ese momento: desde cómo tratar a los “clientes” hasta cuánto cobrar.
Días después, fue llevada a un prostíbulo donde llegó a atender hasta 30 clientes al día.
“Mi primera vez fue con alguien que me golpeó, me escupió, me maltrató”, recordó. “Una frase que me dijo fue que yo había nacido para ser prostituta y que moriría prostituta”.
Historias estremecedoras como la de Jacinto no son inusuales entre las víctimas de trata. Según Tapia, la mayoría de las mujeres con las que ha trabajado llegaron a la prostitución mediante la fuerza, el engaño o la explotación de situaciones de vulnerabilidad, como la manipulación emocional en relaciones afectivas.
Cruz fue víctima de una forma completamente distinta de explotación: un familiar la obligó a trabajar como empleada doméstica después de la muerte de su madre. Las ONG señalan que este es un patrón demasiado frecuente.
Cuando cumplió 15 años, Cruz descubrió que esa persona manejaba una red de explotación sexual, en la que trabajaba como prostituta y tratante al mismo tiempo. Al presionarla para que colaborara, su familiar le decía que necesitaba dinero para el tratamiento hospitalario de otro pariente y que, si ella no accedía, haría que su hermana menor lo hiciera en su lugar.
“Primero me mostró lo que era la prostitución con pornografía, y luego haciéndolo ella misma. Mi mente entró en shock”, dijo. Con el tiempo, Cruz fue obligada a atender clientes en hoteles. “Estaba tan resignada que tenía que contener las lágrimas y el dolor”, dijo.
El calvario de Cruz duró varios meses antes de que lograra escapar con la ayuda de un trabajador del hotel. Jacinto soportó cuatro años antes de que un cliente la ayudara a escapar.
Pero la trata de personas no se limita a la explotación sexual. En muchos casos, las víctimas son explotadas para trabajo doméstico.
Una sobreviviente de explotación laboral y activista que se hace llamar Zunduri —aunque ese no es su nombre real— contó que fue engañada a los 17 años por una familia que le prometió cuidarla. En lugar de eso, la obligaron a trabajar largas jornadas en el negocio de tintorería de la familia, donde llegó a planchar hasta 16 docenas de camisas al día, mientras le negaban comida, sueño y atención médica. Afirma que con el tiempo la mantuvieron encadenada durante seis meses.
“Mi vida entera les pertenecía”, recordó Zunduri, quien también trabaja con Libera.
Tras escapar y ayudar a lograr condenas contra sus tratantes, ahora trabaja apoyando a otras sobrevivientes mientras reconstruyen sus vidas. “Es un milagro que hoy esté aquí sentada”, dijo.
“La explotación ha ido en aumento”, dijo Paola Tolsá, cofundadora de Libera México. “Antes solo se hablaba de explotación sexual, pero ahora también incluye la explotación laboral y el trabajo forzado… Además, los métodos de reclutamiento han cambiado: antes era la manipulación romántica, la técnica del ‘loverboy’, como se le conoce internacionalmente. Pero hoy en día, muchas veces se trata de falsas ofertas de trabajo”.
Tapia, cofundadora, señaló que estas falsas ofertas laborales inundan las redes sociales y han permitido a los tratantes captar a decenas de personas al mismo tiempo. El primer contacto, explicó, suele darse a través de publicaciones que ofrecen empleos como meseras o puestos de atención al cliente.
“Todo parece un sueño”, dijo.
En muchos casos, la víctima comienza a trabajar en lo que parece un empleo legítimo, y el control se va construyendo poco a poco: primero la confianza, luego la dependencia y finalmente la explotación.
Actualmente, 21 sobrevivientes, algunas acompañadas de sus hijos, viven en un refugio administrado por Libera. La mayoría son niñas y adolescentes, incluyendo al menos una de apenas 6 años. Enseñarles a volver a confiar es uno de los objetivos del refugio.
“Nosotras nos convertimos en su familia, en un lugar seguro donde pueden recuperarse”, dijo Tapia.
Las niñas y niños son animados a comer juntos en un comedor comunitario. También aprenden a leer y escribir, y a seguir rutinas diarias.
Los pisos del refugio están llenos de juguetes, mochilas pequeñas y zapatos de todos los colores y tamaños: la mayoría ordenados cuidadosamente, algunos otros dispersos después del juego. Las niñas corren por el jardín, se persiguen entre ellas y se detienen a reír sin razón aparente.
“Para nosotras no se trata solo de recibir a una niña o un niño aquí, sino de acompañarlos, construir un proyecto de vida y, de la mano con ellos en este proceso doloroso, reconstruir a la persona”, dijo Tolsá.
Indira Navarro, quien dirige un colectivo ciudadano en Jalisco dedicado a la búsqueda de personas desaparecidas, señaló que las desapariciones de niñas y adolescentes suelen aumentar durante grandes eventos deportivos. A menudo, dijo, estas jóvenes han sido reclutadas por grupos criminales y obligadas a ejercer la prostitución para atender a turistas.
El riesgo que enfrentan las víctimas de trata, según organizaciones de derechos humanos, se vuelve multifacético durante eventos como la Copa del Mundo.
Los tratantes pueden aprovecharse de personas vulnerables que “sienten que eventos de gran magnitud como el Mundial pueden ayudarles a encontrar empleo y nuevas oportunidades laborales”, explicó Villegas, de The Mekong Club.
A ello se suma, explicó José Antonio Ruiz Hernández, de UNICEF México, el efecto que puede tener el aumento del consumo de alcohol y la “euforia del deporte”.
Sin embargo, no todos están convencidos de que exista un vínculo directo entre los grandes eventos y el aumento de la trata. Algunos escépticos señalan que hay muy pocos datos, mientras que organizaciones de derechos humanos responden que los gobiernos hacen poco para registrar un problema que los expone negativamente.
En cualquier caso, Villegas afirmó que, de cara a este Mundial, organizaciones, gobierno y sector privado están trabajando juntos para hacer “todo lo posible para prevenirlo”.
El Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México, que opera una línea nacional para que las víctimas denuncien casos, colabora con Naciones Unidas y con Uber, entre otros, para promover la denuncia de la trata.
Desde 2013, la organización ha ayudado a más de 25.000 personas que han llamado para presentar una denuncia, dijo su directora general, Gabriela González García.
UNICEF, por su parte, está apoyando a cadenas hoteleras para capacitar al personal y educar a los huéspedes sobre los riesgos. Algunos hoteles se han sumado a una iniciativa llamada “Tolerancia Cero – Tarjeta Azul”, que utiliza terminología del fútbol para incentivar al público a reportar posibles casos.
“La idea es que todos nos sintamos como árbitros frente a este delito”, dijo Givette Pérez Orea, directora de la Asociación Nacional de Cadenas Hoteleras de México.
Aun así, como señaló Jacinto, los riesgos para los jóvenes más vulnerables continuarán mucho después de que termine el Mundial.
“Creo que una de las cosas que puede funcionar es que hoy no solo hablemos del Mundial, sino también de lo que ocurre después del Mundial”, dijo.
Nota del editor: Hay ayuda disponible si tú o alguien que conoces es víctima de trata de personas.
En Estados Unidos: llama al 888-373-7888, la línea nacional contra la trata de personas, financiada por el gobierno de Estados Unidos y organizaciones no gubernamentales.
En México: llama al 800-5533-000, la línea nacional y chat contra la trata de personas, operada por el Consejo Ciudadano para la Seguridad y Justicia de la Ciudad de México.
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