El presidente electo Abelardo de la Espriella anunció que una de sus primeras medidas económicas será buscar la refinanciación de la deuda pública colombiana para aliviar la presión sobre las finanzas estatales y recuperar la confianza de los mercados.
A través de una publicación en X, De la Espriella aseguró que la deuda neta del país se encuentra en niveles históricamente altos y afirmó que ya dio instrucciones al ministro de Hacienda designado, Miguel Gómez, para iniciar una agenda de reuniones en Washington con representantes de la banca internacional y organismos financieros multilaterales.
“La deuda neta de Colombia se encuentra en niveles históricamente altos. Refinanciarla será una de las muchas medidas que adoptaremos para recomponer el rumbo de las finanzas públicas y recuperar la confianza en la economía nacional”, señaló el mandatario que asumirá el próximo 7 de agosto.
Asimismo, indicó que el objetivo de esos acercamientos será negociar mejores plazos y tasas para la deuda pública. Según explicó, la estrategia busca darle “oxígeno a las finanzas del Estado, recuperar el orden fiscal y sentar las bases de la reconstrucción de la Patria Milagro”.
Hay que precisar que al cierre de 2025, la deuda neta del Estado fue de 58,6% del Producto Interno Bruto (PIB). Aunque el indicador mostró una leve reducción frente al 59,3% registrado en 2024, se mantuvo cercano a los niveles históricos alcanzados durante la pandemia, cuando llegó a un máximo de 60,7% del PIB en 2020, que fue el nivel más alto en la historia.
La iniciativa se plantea en un escenario en el que lasfinanzas públicas enfrentarán una fuerte presión durante los próximos años. Según cifras recopiladas por La República, entre 2026 y 2030 el Gobierno deberá atender compromisos por cerca de $716,5 billones, cifra que incluye $442 billones en amortizaciones, $230 billones en intereses de la deuda interna y otros $43,8 billones correspondientes a la deuda externa. Solo en 2026 los vencimientos por amortizaciones llegarán a $135,3 billones; posteriormente se ubicarán en $88,6 billones en 2027, $57,2 billones en 2028, $81,1 billones en 2029 y $79,3 billones en 2030.
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Aunque parte de estos compromisos podría reestructurarse mediante operaciones de manejo de deuda para extender los plazos de pago, analistas coinciden en que el margen para hacerlo dependerá de la confianza que genere el programa fiscal de la próxima administración.
Más allá del volumen de vencimientos, uno de los mayores desafíos es el incremento en el costo del endeudamiento del Estado. Un informe de la Universidad Eafit señala que Colombia ha sufrido un deterioro sostenido en su calificación crediticia en el Gobierno Petro.
Según ese reporte, Moody’s redujo la calificación del país a Baa3 en junio de 2025. Posteriormente, DBRS la rebajó a BB high en septiembre del mismo año, mientras que Standard & Poor’s realizó dos recortes hasta ubicar la nota en BB- el pasado 8 de abril.
El documento también advierte que el rendimiento de los Títulos de Tesorería (TES) a 10 años en pesos ha superado el 13%, niveles que no se observaban desde hace varios años, mientras la curva de rendimientos permanece invertida, reflejando una elevada prima de riesgo.
Durante 2025 las colocaciones de TES de largo plazo alcanzaron $66 billones, la cifra más alta desde 2009. Además, el servicio total de la deuda podría llegar a un récord de $190 billones en 2026, año en el que únicamente el pago de intereses absorbería uno de cada tres pesos del recaudo tributario.
El análisis académico también alerta sobre un posible “efecto bola de nieve”, en el que la menor confianza de los inversionistas eleva las tasas de interés, incrementa el costo del servicio de la deuda y obliga al Estado a realizar nuevas emisiones de títulos. A esto se suma que Colombia presenta rendimientos superiores a los de otros países de la región: mientras los bonos colombianos a 10 años rondan el 12,71%, México paga cerca del 9%, Perú alrededor del 6% y Chile aproximadamente 5,4%.
Como parte de la estrategia de manejo de deuda, el Ministerio de Hacienda efectuó recientemente una operación para reducir la presión de los pagos previstos para 2027.
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La entidad intercambió TES UVR con vencimientos en 2027 y 2029 por títulos con plazos más largos, que vencen en 2031 y 2061, respectivamente. Con esta operación busca mejorar el perfil de pagos de la deuda y disminuir el riesgo de refinanciación en los próximos años.
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