La pregunta empezó a repetirse apenas terminó el partido que confirmó el cruce entre la Argentina e Inglaterra por las semifinales del Mundial 2026. Llegó a la oficina, a los colegios, a los comercios, a los bares y hasta a conversaciones casuales con vecinos. "¿Y ahora qué va a pasar?", "Esta vez les ganamos", "¿Estás nerviosa?".
Para los miles de argentinos que construyeron su vida en Inglaterra, el partido que la selección disputará mañana dejó de ser solamente un acontecimiento deportivo. Lejos de la rivalidad que suele vivirse en la Argentina cuando aparece Inglaterra en el horizonte, los argentinos que viven en territorio inglés describen un clima muy diferente. No hablan de hostilidad ni de enfrentamientos, sino de miradas curiosas, chicanas futboleras y una expectativa que fue creciendo con el correr de las horas.
"Todo el mundo sabe que soy argentina", resume la porteña Denise Servat Vinokurov, de 38 años, quien vive en Londres y trabaja para una empresa de indumentaria deportiva. Desde que se confirmó el partido, sus compañeros prácticamente no hablan de otra cosa. "Soy la única argentina en la oficina y ya empezaron con los comentarios. Algunos dicen que esta vez nos toca perder; otros vuelven con eso de que el Mundial está comprado. Todo en tono de broma, pero claramente el partido ya empezó a jugarse", cuenta a LA NACION.
Las conversaciones se repiten una y otra vez durante la jornada laboral. Entre reuniones y tareas cotidianas siempre aparece alguien dispuesto a ensayar un pronóstico. "Ya les dije que, dependiendo del resultado, probablemente al día siguiente trabaje desde casa", dice entre risas. La frase desata nuevas bromas entre sus compañeros, que esperan el partido con la misma ansiedad que ella.
La escena también se repite a cientos de kilómetros, en Manchester. Allí vive desde hace años la sanisidrense Mené Bahillo, de 52 años. Desde que Inglaterra avanzó a las semifinales, reconoce, el ambiente cambió por completo. "Hasta ahora veníamos viviendo el Mundial con tranquilidad, pero cuando salió que jugábamos contra Inglaterra, empezaron los comentarios. Todos saben que somos argentinos", explica la argentina, quien se dedica a dar clases de español.
A diferencia de otros partidos, esta vez el peso de la historia aparece inevitablemente en muchas conversaciones. Aunque la mayoría de los intercambios transcurren con respeto, reconoce que algunos argentinos prefieren ser más cautelosos. "Hay gente que directamente decidió no ir a determinados pubs para ver el partido. No porque haya pasado algo, sino porque prefieren evitar cualquier situación incómoda. Es un partido que acá también se vive de una manera especial", relata.
Sin embargo, quienes llevan años viviendo en Inglaterra coinciden en que la rivalidad que imaginan muchos argentinos desde la distancia no es la que perciben en la vida cotidiana. Las referencias a la guerra de Malvinas prácticamente no aparecen. Lo que domina las conversaciones es el fútbol.
"Acá no mezclan las cosas. Para ellos es un partido de fútbol y punto", explica la argentina Alejandra Feller Connor, de 44 años, radicada en Londres desde hace más de dos décadas. Esa diferencia quedó en evidencia incluso en el colegio al que asisten sus hijos, donde, desde hace días, compañeros, docentes y otros padres comenzaron a preguntarle por el partido. "Todos saben que soy argentina y, obviamente, me cargan un poco, pero siempre desde el humor. Yo también les respondo. Es parte del juego", cuenta la argentina, quien trabaja de supervisora en la escuela primaria de sus hijas.
Para Alejandra, la reacción de los ingleses rompe con muchos prejuicios que todavía persisten en la Argentina. "Muchas veces desde allá se piensa que existe una rivalidad permanente, pero la realidad cotidiana es distinta. Ellos viven este partido como un clásico futbolístico importante, nada más".
Las bromas comenzaron apenas se conoció el rival. En los grupos de WhatsApp, en las oficinas y hasta entre amigos que hace años comparten cumpleaños, asados o salidas, el partido pasó a monopolizar las conversaciones. Algunos escuchan apuestas; otros, pronósticos, y no faltan quienes ya empezaron con las cargadas. La mayoría coincide en algo: nunca habían vivido un Argentina-Inglaterra desde el lado inglés.
La diseñadora porteña Juliana Lara, de 40 años, instalada desde hace siete en Londres, asegura que desde el lunes no deja de intercambiar mensajes con amigos ingleses. "Ya empezaron los memes. Uno me escribió: hasta el jueves no somos amigos. Obviamente nos reímos porque tenemos mucha confianza, pero se nota que para ellos también es un partido distinto", cuenta.
Aunque el intercambio siempre transcurre en tono de broma, reconoce que hay una decisión que ya tomó. "No lo quiero ver en un pub lleno de ingleses. Prefiero compartirlo con otros argentinos. No porque crea que vaya a pasar algo, sino porque quiero vivirlo tranquila y poder gritar un gol sin pensar dos veces dónde estoy", explica.
La misma sensación la describe Denise. En su oficina, donde es la única argentina, el Mundial se transformó en tema de conversación obligado. "Cada vez que entro aparece alguien con un comentario nuevo. Me preguntan si estoy nerviosa, me dicen que ahora sí nos toca perder o hacen chistes con que el Mundial está arreglado para Argentina", relata.
Aunque las conversaciones nunca pasan de una chicana futbolera, admite que el partido ya modificó el clima cotidiano. "El miércoles voy a llegar y sé que todos me van a estar esperando para decirme algo, gane quien gane."
Para Kevin Troilo, que trabaja en un restaurante en un pueblo de 1000 habitantes, la expectativa también se trasladó a su rutina laboral. "Es imposible pasar desapercibido. Los clientes escuchan mi acento y enseguida preguntan de dónde soy. Todos quieren hablar del partido. Hay gente que me dice que esta vez Inglaterra se toma revancha y otros directamente me preguntan cómo creo que va a salir", cuenta el argentino, oriundo de zona sur.
Lleva ocho años allí. Lo que más lo sorprendió, dice, fue que muchas personas conocen jugadores argentinos, recuerdan partidos anteriores y siguen muy de cerca el recorrido de la selección en este Mundial.
En Inglaterra, donde el fútbol ocupa un lugar central en la cultura popular, la clasificación a las semifinales también disparó una enorme expectativa entre los hinchas locales. Los diarios deportivos, los programas de televisión y las conversaciones cotidianas comenzaron a girar alrededor del cruce con la selección argentina.
Aunque el cruce entre ambos seleccionados inevitablemente remite a una rivalidad histórica para los argentinos, quienes viven en Inglaterra describen una realidad cotidiana mucho más descontracturada. La conversación gira alrededor del fútbol y del presente de ambas selecciones, sin que aparezcan referencias constantes a otros episodios del pasado.
Mené Bahillo reconoce que, aunque en Inglaterra casi nadie menciona el conflicto por las Islas Malvinas, para quienes crecieron en la Argentina el partido tiene un significado diferente. "Uno viene con toda esa historia encima porque así la vivimos desde chicos. Acá, en cambio, la mayoría lo toma simplemente como un partido de fútbol. Eso me llamó mucho la atención", explica.
Juliana Lara también percibe esa diferencia. "En la Argentina muchas veces pensamos que este partido se vive de una manera muy distinta acá, pero la verdad es que los ingleses hablan de fútbol. Obviamente quieren ganar y te cargan, como haríamos nosotros si fuera al revés, pero hasta ahí llega".
Con el paso de los años, varios de los argentinos consultados por este medio, formaron familias en Inglaterra, construyeron carreras profesionales y desarrollaron amistades profundas con ingleses. Esa integración hace que el partido también se viva desde un lugar distinto al que imaginan quienes siguen el Mundial desde la Argentina.
Alejandra Feller Connor lo resume en una escena que se repitió durante los últimos días. "Fui con la camiseta argentina y enseguida empezaron los comentarios. Todos me preguntaban si estaba lista para perder. Yo les respondía que hablaran después del partido", recuerda entre risas. Para ella, ese ida y vuelta refleja mejor que cualquier análisis cómo viven los ingleses este cruce: con entusiasmo, confianza en su selección y muchas ganas de conversar sobre fútbol, pero sin trasladar la rivalidad más allá de la cancha.
Más allá de las bromas y los pronósticos, para muchos argentinos el partido también funciona como un recordatorio de la distancia. La selección vuelve a convertirse en un puente con el país que dejaron atrás y, al mismo tiempo, en una manera de reafirmar una identidad que, lejos de diluirse con los años, parece fortalecerse cada vez que la camiseta albiceleste sale a la cancha.
Mené Bahillo reconoce que esa sensación aparece especialmente en fechas como esta. "Vivimos acá, trabajamos acá, nuestros hijos van al colegio acá, tenemos amigos ingleses, pero cuando juega Argentina es inevitable sentir que una parte nuestra sigue estando del otro lado del océano", cuenta.
Para quienes emigraron hace años, el Mundial suele convertirse en una excusa para volver a hablar más seguido con la familia, intercambiar mensajes antes y después de cada partido y revivir costumbres que forman parte de la identidad argentina. En esta ocasión, además, el rival hace que esas emociones se potencien.
"Mi teléfono no para. Me escriben familiares desde la Argentina, amigos de acá y hasta compañeros del trabajo. Todos quieren saber cómo lo estoy viviendo", relata Denise. "Es raro, porque sentís que pertenecés a los dos lugares al mismo tiempo. Hacés tu vida acá, pero cuando juega Argentina volvés a sentirte exactamente igual que cuando estabas allá".
En medio de ese clima de expectativa, muchos argentinos reconocen que el partido los obliga a responder una pregunta que nunca antes les habían hecho con tanta frecuencia: qué significa sentirse argentino después de tantos años viviendo en Inglaterra. Para algunos la respuesta aparece casi de manera automática; para otros, surge mientras intentan explicar por qué un partido de fútbol puede alterar la rutina de toda una semana.
"Vivimos acá hace años, trabajamos, pagamos impuestos, criamos a nuestros hijos en este país y estamos agradecidos por la vida que construimos. Pero cuando juega Argentina no hay mucho que pensar", resume Mené Bahillo. La frase sintetiza un sentimiento que se repite, con matices, en cada uno de migrantes argentinos entrevistados.
Alejandra Feller Connor coincide en que la selección termina funcionando como un punto de encuentro con las raíces. "Es el momento en que todos recuerdan que sos argentina", explica. Durante estos días, dice, compañeros de trabajo, vecinos y otros padres del colegio volvieron a acercarse para hablar del partido, hacer un comentario o simplemente preguntar cómo cree que terminará la semifinal. "Se genera un clima distinto. De golpe todos quieren conversar con vos".
Para Denise, la semifinal también servirá para mostrar una parte de la cultura argentina que muchas veces sus compañeros conocen solo a través de ella. "Ellos saben que cuando juega Argentina lo vivimos de otra manera. Me preguntan por qué nos emocionamos tanto o por qué seguimos hablando del partido varios días después. Es difícil explicarlo; creo que hay cosas que solamente se entienden cuando uno nació allá".