José Obdulio Gaviria, exsenador y exasesor de la Presidencia durante el gobierno de Álvaro Uribe, presenta Magnicidios. Cómo opera la máquina mortal de la criminalidad política (Planeta), un recorrido por los asesinatos de figuras públicas desde la Independencia hasta hoy. Su tesis es que la violencia política en Colombia empezó con los padres fundadores, y no con el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán en 1948.
Y que el sectarismo y la eliminación del adversario han frustrado una y otra vez a la dirigencia del país. En esta conversación con EL COLOMBIANO repasa esa historia, desde Nariño y Bolívar hasta las guerrillas del siglo XX. Además, sostiene que las Farc ordenaron el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado.
"Me halaga que alguien note que el tema no son solo los magnicidios del siglo XX, sino la suerte de nuestros padres fundadores, que murieron de una manera muy triste. Había planes urdidos para acabar con toda una camada de gente, y entre ellos mismos se odiaban. La vida de Nariño fue trágica: era muy envidiado y abría camino político. Lo considero nuestro padre fundador, junto con Bolívar, que no nació en Colombia".
"Allá hubo una generación de un nivel intelectual, político y económico extraordinario: Franklin, Jefferson, Madison, Hamilton. Es casi imposible entender cómo se reunió tanta capacidad en el mismo momento y en el mismo país. De todos ellos, el único que murió asesinado fue Hamilton, en un duelo con el vicepresidente Aaron Burr. Aquí eran hombres parecidos. El sabio Caldas, si uno sigue lo que hizo, habría sido una figura política de trascendencia extraordinaria".
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"Cané llegó a Colombia como embajador y se sorprendió al ver, en un acto con estudiantes, que una niña muy elocuente hacía un canto al tiranicidio, fundado en el 'Julio César' de Shakespeare. Esa obra la citaron los que iban a matar a Bolívar. Hay ahí una despersonalización del que piensa distinto y una justificación de su muerte. Muchas veces se necesita un observador de lejos para describir estos fenómenos. Cané además cuenta que los dirigentes ya iban armados y se habían declarado enemigos a muerte".
"No fue un fusilamiento, fue un asesinato selectivo: los buscaron, los metieron a la cárcel y hubo una persecución orquestada. Es la damnatio memoriae, una figura de la guerra del Imperio Romano: acabarlos y que nunca más se los mencione. Eso le dejó a Colombia un espíritu de orfandad, porque se perdió una pléyade de personajes que pudieron gobernar. Nariño fue el único que no mataron; lo trataron como a un perro, se les voló en Cádiz y terminó sus días triste aquí".
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"Fue una dirigencia siempre muy buena, y con mala suerte. El llamado dictador Juan del Corral no aparece en el libro porque tuvo una muerte natural: le dio un infarto, jovencito, creo que no llegaba a los cuarenta años. Tenía conocimiento del constitucionalismo norteamericano, y la Constitución de la Antioquia independentista, la que se separó por completo del gobierno del rey Fernando VII, la redactaron personajes como los Restrepo. Aquí hubo una pléyade de figuras".
"Existe y es tenebroso. Bolívar había salido con soldados colombianos a liberar de nuevo a Venezuela, porque Miranda estaba derrotado y la independencia venezolana, perdida. Fue un decreto draconiano, con el que buscaba fortalecer la masa independentista en las primeras décadas del siglo XIX. Es una tragedia, porque no estaban matando españoles sino americanos: esos ejércitos estaban repletos de americanos y de negros".
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"Es una figura trascendental en la historia universal. El 'Manifiesto de Cartagena', que empieza con 'Soy ciudadano de la infeliz Caracas', es un texto extraordinario. Bolívar era el mejor escritor de la época en lengua castellana y cambió mucho el idioma, porque todas esas palabras vernáculas nuestras, que no tenían nada que ver con España, se conocieron por él. Pocas figuras tienen ese embrujo, esa atracción y ese imán".
"La revolución devoró a sus propios hijos. Sucre, la gran figura militar, fue asesinado en Berruecos; a Obando y a José Hilario López, que después fueron presidentes, se les señaló como responsables. La muerte de Córdova decapitó a la clase política y militar antioqueña. Después vino la persecución tras el golpe septembrino, con un intento de asesinato contra Bolívar en el que participó Mariano Ospina Rodríguez, fundador del Partido Conservador. Bolívar no fue asesinado, pero su final también fue trágico moralmente. Fue un canibalismo".
"Nuestras generaciones creen que empezó con el asesinato de Gaitán, pero si uno va al inicio de los partidos Liberal y Conservador encuentra magnicidios desde el comienzo. Tenemos una condición sectaria desde la fundación, en buena parte por la prédica. La violencia es de toda América Latina, pero en Argentina eran los compadritos que se mataban entre ellos; la nuestra es en la cumbre. Nuestra historia, con grandes figuras e ideas, ha sido frustrada por el sectarismo. El caso de Rafael Uribe Uribe es quizás el más importante: su asesinato cambió la historia. Ya había fundado una gran corriente liberal, el bloquismo, que habría llegado al poder en los años veinte".
"Sucre es el más grande de las figuras de la independencia en lo militar, aunque no en lo intelectual, porque no escribió mayor cosa. Como le dijo Choquehuanca a Bolívar, su gloria crecerá como la sombra cuando el sol declina. Está muy bien biografiado por el periodista Mauricio Vargas, y recomiendo mucho esa obra. De su muerte se señaló como responsables a dos figuras que después fueron presidentes de Colombia, y su caso es parte de esa carnicería entre los propios libertadores, que es puro canibalismo".
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"Estados Unidos lo tuvo. Adams y Jefferson fueron enemigos políticos a muerte, pero Madison los animó a escribirse y su correspondencia es un libro extraordinario. Así entendieron el punto de vista del otro y avanzaron en la doctrina de un gobierno elegido por el pueblo y no por derecho dinástico. Murieron el mismo día, el 4 de julio de 1826, aniversario de la Independencia. Nosotros teníamos la oportunidad de que, alrededor de Bolívar, se reconociera su grandeza y él orientara el país, como Washington. Pero ahí está la Convención de Ocaña, un absurdo por la forma como se trataron y se amenazaron".
"Fue otro momento en el que pudimos dar el salto. Se encontraron cuatro personas distintas y grandes: Núñez, un genio de la política y gran escritor; Miguel Antonio Caro, un ultramontano, pero el más sabio de los colombianos; Carlos Holguín; y José María Samper, que había sido el más revolucionario de su generación. Con esas cuatro corrientes redactaron la Constitución de 1886. Cometieron errores, sobre todo la centralización extrema y la no separación de la Iglesia y el Estado. Si eso se hubiera desarrollado en vez de declarar la guerra, habríamos avanzado muchísimo".
"Núñez es el jefe, un hombre cosmopolita y un pensador avanzado, con las ideas de Francia y el conocimiento del pensamiento norteamericano. Caro era el más reaccionario que se pueda imaginar, pero el más sabio de todos los colombianos; era un anacoreta que nunca salió de Bogotá, ni siquiera a conocer Villeta, y hizo grandes aportes al castellano con el Instituto Caro y Cuervo. Samper fue fundador de los gólgotas y de las sociedades democráticas, anticlerical y con elementos del socialismo utópico francés. Estaba casado con Soledad Acosta de Samper, bilingüe, hija de una escritora inglesa y la escritora más prolífica que ha tenido Colombia. Penguin Random House está reeditando sus obras".
"Hay una escena en el libro de José Alvear Sanín sobre su padre, José Alvear Restrepo, un intelectual antioqueño que terminó en Bogotá como abogado. En un restaurante comenzó a tararear o a silbar "La Marsellesa" y lo cogieron a patadas y a puños; casi lo matan los policías. Dijo 'aquí es imposible' y se fue a la guerrilla del Llano. Es un libro bellísimo, chiquito y muy bien editado, y lo recomiendo muchísimo".
"La guerrilla liberal empieza como autodefensa y llegó a librar batallas enormes, con un mundo de muertos. En paralelo estaban las autodefensas comunistas, dirigidas por Jacobo Prías Alape, Charro Negro. Con el golpe de 1953 y la proclama de Rojas Pinilla, la guerrilla liberal comenzó a desmovilizarse, y entonces liberales y comunistas se mataron entre ellos. Desquite citó a Charro Negro y lo mató. Subió Tirofijo, y los comunistas coparon los escenarios que dominaban los liberales. Por eso la gente cree que son lo mismo".
"Sostengo que el Partido Comunista tiene un designio que no nace de su propia voluntad sino de Moscú. Lenin y Zinóviev redactaron un estatuto según el cual los comunistas debían subordinarse al partido de Moscú. Las Farc traían la consigna de combinar las formas de lucha: mantenerse en la legalidad, pero acceder al poder por la violencia. Ellos dicen que el poder nace del fusil y que la violencia es la partera de la historia. Desde 1959 comenzó la tragedia del guerrillerismo marxista en América Latina, que no trajo sino dolor, sangre, muerte y pérdida de oportunidades para el crecimiento de una nación".
"Desde el marxismo me la tienen montada y dicen que soy un mentiroso, pero esta tesis tiene fundamento. Tengo grandes aliados entre los científicos de la historia, como Darío Acevedo, y sentirme respaldado por él me indica que algo de razón debo tener. La guerrilla liberal se forma en el escenario del libro de José Alvear Restrepo y en el del libro de Abelardo Forero Benavides, que se publicó en noviembre del año pasado y que no alcancé a incorporar. Por eso hay que leerlos".
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"Por las cartas de Tirofijo. En 2012 estaba en San Vicente del Caguán y un oficial retirado del Ejército me entregó una correspondencia de unas mil quinientas cartas o documentos, mil doscientas páginas. Reflejan el odio de Tirofijo por Álvaro Gómez Hurtado y su insistencia en preguntar por qué no lo habían matado. Pedía que no se hablara públicamente para que la clase política siguiera peleando entre sí. Publiqué un artículo y la discusión se volvió nacional. Según cuenta, después Sandra Ramírez, en el programa Voces, dijo que ella había editado ese libro porque las Farc querían transparencia. Para mí, en esas cartas hay tres personas en las que se concentra el mayor odio: Álvaro Gómez Hurtado, Turbay y Uribe".
"Un libro que lo ilustra bien es Armas y urnas, de Steven Dudley. Ahí hubo militares, policías y mafia, además del conflicto en el Magdalena Medio, donde ya competían con los grandes carteles de la droga, y las peleas internas entre comunistas y miembros de las Farc. La mejor expresión es la de José Cardona Hoyos, representante a la Cámara que escribió un libro en el que se separó de las formas de acción de las Farc, y lo mataron. Su hijo ha dedicado su vida a denunciar y a pedir justicia, y la JEP no lo oye".
"En una conversación de pasillo, el presidente Uribe me preguntó qué les pasaba a dos personajes. Le dije que tenía que incorporar siempre en el análisis político un elemento: la envidia. Si no, no se entiende la historia de Colombia. Está comprobada, documentada y reseñada, casi un arquetipo del colombiano envidioso".
"Eran copias en fotocopia, muy bien empastadas a la manera de un oficial del Ejército, que es la gente más juiciosa que tiene Colombia. Venían subrayadas, con página tal y tal, porque quien las organizó era de inteligencia. Los originales eran de un sistema primitivo, con esténciles, antes de la imprenta, un verdadero incunable. Las Farc creían que Tirofijo iba a ser presidente de Colombia y querían tener los elementos para escribir su historia. Yo no paré de leerlas: estuve un día y medio, dos".
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