Trump resucita su promesa de hace 10 años de construir un muro con México ante la sequía de propuestas de la Casa Blanca

2026-08-24 04:48:29 - MUNDO

El muro que México nunca pagó y Donald Trump nunca terminó ha vuelto. Diez años después de convertirlo en la promesa más reconocible de su primera campaña, el presidente dispone de casi 47.000 millones de dólares para levantar unos 2.000 kilómetros de nuevas barreras entre EEUU y México.

Es más dinero que todo lo destinado al proyecto durante las dos décadas anteriores, pese a que los cruces irregulares han caído a mínimos históricos.

A menos de tres meses de las elecciones de mitad de mandato y con el coste de la vida como principal preocupación de los votantes, la Casa Blanca ha regresado al mayor éxito de 2016: una amenaza exterior, una solución visible y un eslogan fácil de repetir. La tecnología es nueva pero la idea política está obsoleta.

En 2014, dos asesores de Trump, Roger Stone y Sam Nunberg, buscaban una fórmula para que el entonces candidato no olvidara hablar de inmigración. Nunberg contó después que idearon la imagen ideal para un promotor inmobiliario: una gran pared. "Build the wall" podía corearse y la promesa de que México pagaría convertía el mitin en pregunta y respuesta.

La ocurrencia terminó convertida en juramento. En su primer mandato se instalaron unos 740 kilómetros, pero el 81% sustituyó barreras anteriores y solo unos 140 se levantaron donde no había ninguna. La disputa por la financiación provocó un cierre parcial del Gobierno de 35 días y Trump declaró una emergencia nacional para desviar fondos.

Ahora el dinero ha llegado antes que la excavadora. La ley fiscal de 2025 reservó 46.500 millones de dólares hasta septiembre de 2029 y ya se han adjudicado contratos por más de 33.000 millones. Los casi 2.000 kilómetros suman barreras primarias y líneas paralelas, no una distancia continua.

La Administración pretende terminar el muro primario a finales de 2027. Dejar el proyecto financiado y contratado dificultará que una futura mayoría demócrata lo detenga.

El segundo muro de Trump no es exactamente una pared de hormigón. Es una red de vigilancia. Postes de nueve metros, vallas paralelas, carreteras, cámaras, sensores y torres con inteligencia artificial. En el río Grande habrá cilindros flotantes de hasta 4,5 metros de largo.

En unos 860 kilómetros de terreno abrupto, la tecnología computará como muro. El adjetivo "inteligente" permite abarcar casi cualquier mecanismo de control.

El sistema llega después del desplome de los cruces. La Patrulla Fronteriza registró 237.538 encuentros con migrantes entre los pasos oficiales en el año fiscal 2025. Es el mínimo desde 1970 y supone un poco más de una décima parte del récord de 2022.

La caída comenzó con las restricciones al asilo de Biden y los controles de México, y se aceleró con Trump antes de las nuevas obras. La agencia asegura que las barreras multiplican la eficacia de los agentes. La oficina fiscalizadora del Congreso, sin embargo, ha advertido de que no puede aislarse su efecto del de las cámaras, el personal o las leyes.

Un ejercicio contra el narcotráfico de la DEA junto al muro fronterizo. | Source: REUTERS/Jose Luis Gonzalez

La prisa también ha rebajado el escrutinio. Amparada en una ley de 2005, la Administración ha suspendido normas ambientales, patrimoniales y de contratación para acelerar las obras. El efecto ya se aprecia en las adjudicaciones: solo durante los seis primeros meses del año se han sumado 19.400 millones de dólares, casi diez veces los 2.100 millones repartidos entre 2016 y 2024.

Dos constructoras dirigidas por donantes republicanos han concentrado 12.300 millones. Una competidora mantiene abierta una demanda porque considera que el reparto no ha sido competitivo; la agencia sostiene que eligió a las empresas por su experiencia y porque ofrecían precios razonables.

Las inundaciones de julio dejaron una advertencia antes siquiera de que las boyas se instalaran. La crecida arrastró al río unas 120 piezas todavía sin anclar y almacenadas en la orilla estadounidense de Eagle Pass. Algunas recorrieron más de 160 kilómetros hasta quedar encajadas en un puente internacional de Laredo, donde obligaron a desviar el tráfico.

No hubo daños estructurales, pero el material destinado a cerrar el río terminó amenazando uno de sus principales pasos comerciales.

El coste se vuelve visible en Big Bend, una región del oeste de Texas donde el río dibuja una gran curva entre desierto, montañas y cañones. Sus parques protegen más de 4.400 kilómetros cuadrados y reciben medio millón de visitantes al año.

El relieve actúa como barrera natural y los cruces son casi nulos. Desde el parque se puede pasar legalmente en barca a Boquillas, una localidad mexicana que vive de restaurantes, artesanía y excursiones en burro.

La amenaza de sustituir ese paisaje por postes, focos y carreteras ha unido a sheriffs, cargos republicanos, empresarios y ecologistas. La presión ha contenido la pared de nueve metros, pero no las obras: ya han entrado máquinas para abrir caminos e instalar barreras bajas para vehículos. Una organización indígena ha demandado esta misma semana al Gobierno para proteger lugares sagrados de los apaches lipanes.

En Arizona, la protesta ha llegado tarde. Una excavadora ha atravesado un tercio de Las Playas, un geoglifo indígena con forma de pez, más de 60 metros de largo y al menos mil años. La agencia ha reconocido el daño accidental. Es el riesgo de reducir una frontera habitada a huecos que rellenar.

En 2016, el muro ofrecía a Trump una promesa nueva. Diez años después le sirve para refugiarse en un asunto conocido. En julio, una encuesta nacional del Pew Research Center, un centro independiente y no partidista, preguntó a los votantes de qué querían oír hablar. El 29% mencionó la economía o el coste de la vida y solo el 7% la inmigración.

Los partidos aparecen empatados en política económica y la ventaja republicana en inmigración se ha reducido de nueve a cinco puntos.

Un ejercicio contra el narcotráfico de la DEA junto al muro fronterizo. | Source: REUTERS/Jose Luis Gonzalez

El propio partido ha detectado el problema: su brazo electoral en el Senado identifica la economía como el principal asunto de la campaña. Además, un 42% de los votantes describe su voto como una forma de oponerse a Trump y solo un 22% como un respaldo.

Trump tiene dificultades. En dos discursos económicos calificó el término"asequibilidad" de "engaño" y de "palabra falsa" inventada por los demócratas. Anunció medidas de vivienda en Davos, pero las sepultó bajo sus amenazas contra Groenlandia. Después se negó a firmar una ley bipartidista para acelerar la construcción de casas, que entró en vigor sin su firma.

La Casa Blanca sí tiene políticas: rebajas fiscales, aranceles, desregulación y deportaciones masivas. Pero no ha encontrado una promesa de futuro con la sencillez emocional del muro. Entre enero y junio, los republicanos y sus aliados gastaron 53 millones de dólares en anuncios sobre inmigración, frente a 17 millones de los demócratas.

Trump ensayó el mecanismo durante el discurso sobre el estado de la Unión. Pidió a los demócratas que se levantaran si aceptaban que la primera obligación del Gobierno era proteger a los estadounidenses antes que a los inmigrantes irregulares. Permanecieron sentados y los republicanos convirtieron la escena en un anuncio.

El muro es la versión física de esa maniobra: reduce una discusión compleja a una imagen, obliga al adversario a aparecer contra ella y devuelve a Trump al guion que mejor conoce su base. En 2016 decía a los votantes qué iba a construir. En 2026 ya no les ofrece un futuro: les pide que recuerden quién es.